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    15 de agosto de 2017

    Opinión

    Por Hugo "Cachorro" Godoy

    Entre agosto y octubre elegiremos a quienes nos representarán en el Congreso de la Nación, en las legislaturas provinciales y en los concejos deliberantes locales. Asistiremos a las urnas sumergidos en una política económica y social que nos come el salario y le pone un techo a nuestros reclamos, mientras el gobierno afila sus uñas para implementar nuevas y regresivas reformas en el Estado, en las jubilaciones y en las relaciones laborales, como informamos en este número de nuestro periódico.

    Por esa razón, teniendo en cuenta que todos estamos de acuerdo en que no vamos a votar a nuestros verdugos, más allá de cuál sea la opción que cada uno elija entre la amplia gama de expresiones del fragmentado campo popular, el tema es cómo organizarnos para construir un proyecto propio con identidad de clase trabajadora, una propuesta nueva, una alternativa diferente a lo ya conocido. Que no debe ser una alternativa válida únicamente para el día de la elección, sino a una construcción política que nos permita dar batalla todos los días, intentando modificar favorablemente las relaciones de fuerzas en nuestra sociedad. Un instrumento de los trabajadores y trabajadoras, del pueblo argentino, para construir un proyecto de liberación, para construir una sociedad distinta.

     

    Cambio de etapa

    Más allá de la coyuntura electoral, en Argentina estamos viviendo un cambio de etapa que nos obliga a redefinir nuestra estrategia política como clase trabajadora y afirmarnos en dos valores fundamentales: la autonomía y el proyecto propio.

    Desde 1976 hasta hoy, el salario y el mercado interno dejaron de ser los indicadores principales para analizar la economía, siendo reemplazados por la especulación financiera, la deuda y el mercado externo. Por eso no alcanza dar la pelea por salarios dignos o por pases a planta permanente, sino que también debemos discutir las políticas públicas de la producción, la salud, la educación; la organización del Estado y, fundamentalmente, las articulaciones con la comunidad y sus diversas organizaciones populares.

    Esa es la unidad que hay que construir, la unidad en lo cotidiano, la unidad de aquellos sectores del campo popular que estén dispuestos a discutir una perspectiva diferente para esta sociedad en esta etapa política. Una unidad que se construye en la calle, codo a codo, como lo hicimos este 7 de agosto marchando con la CCC, Barrios de Pie y la CTEP desde San Cayetano hasta la Plaza de Mayo en una masiva e integradora movilización por Techo, Tierra, Pan y Trabajo.

     

    Tercera Reforma del Estado

    Atravesamos una etapa en la que un hijo directo de la oligarquía y de los grupos empresariales llegó a presidente por el voto de la gente, algo que no pasaba desde la época de Sáenz Peña. Históricamente, los grupos de poder oligarcas y trasnacionales gobernaban únicamente a través de golpes de estado, o traicionando el mandato de los movimientos populares.

    Este nuevo escenario es el que permite aplicar esta Tercera Reforma del Estado en curso, que intentan imponer, fundamentalmente, a través de la asociación de empresas privadas con el Estado para hacer negocios en áreas específicas. Un escenario en el que se impondrán nuevos tratados de libre comercio en el marco de la OMC y las exigencias del FMI, que implicarán pérdida de soberanía, nuevas privatizaciones y diversas concesiones a las multinacionales.

    Lo que se viene es un cambio de etapa, más que de coyuntura, lo que nos obliga no sólo a resistir, sino a reinventarnos como organización y a reinventar las articulaciones con otras organizaciones del movimiento popular. Y debemos ser protagonistas de esas nuevas invenciones que surjan del campo popular, para enfrentar a esa concentración económica del poder que impulsará el desmantelamiento del Estado democrático y una mayor fragmentación social.

     

    Un crecimiento necesario

    En ese contexto resulta impostergable el crecimiento de la organización de la clase trabajadora en general y de nuestras organizaciones en particular; porque ATE y la CTA son actores claves en la perspectiva de la construcción de una nueva alternativa de transformación política en nuestro país.

    En las elecciones de nuestro gremio en el 2015 éramos 250 mil afiliados, hoy orillamos los 300 mil, pero tenemos que ser más. Si crecemos en afiliados vamos a crecer en delegados electos, en seccionales, en expansión territorial y en cada sector de trabajo. Es nuestra la posibilidad de volver a ser mayoría entre los estatales nacionales y de aumentar la organización de los trabajadores provinciales y municipales para terminar con una de las mayores perversidades de esta democracia renga y tuerta: que los compañeros de los municipios no tengan Convenio Colectivo de Trabajo ni derecho al salario mínimo, vital y móvil.

     

    Reforma del estatuto

    En ese desafío por reinventarnos, debemos tener un gremio en estado de asamblea hasta el Congreso Nacional Extraordinario, para poder debatir los cambios necesarios en nuestro Estatuto que garanticen un sindicato más democrático, más participativo, más federal, más abierto a la participación de los jóvenes y de las mujeres.

    En ese camino todos los afiliados y las afiliadas debemos estar en condiciones de proponer y discutir las reformas necesarias en asambleas, en plenarios de delegados y en todos los ámbitos orgánicos de nuestro gremio.  

    Congreso de la CTA Autónoma

    En esa misma dirección debemos alentar y promover la realización de un Congreso Nacional Extraordinario de nuestra CTA Autónoma, para discutir qué proyecto tenemos para la clase trabajadora y qué entendemos por unidad de los trabajadores. Es la oportunidad de discutir si unidad es amontonamiento o un proyecto propio para construir un nuevo modelo sindical en la Argentina. Discutir y decidir si queremos un corte y pegue de siglas para que nos conduzcan dirigentes que fueron adalides de la división y la pérdida de autonomía de la CTA, o queremos transformar la realidad hacia adelante construyendo la unidad de los trabajadores y trabajadoras en la lucha y en el debate fraterno en pos de recrear un movimiento político, social y cultural de liberación.

    En esa discusión, desde ATE tenemos una gran responsabilidad por su capacidad organizativa, por su inserción en todo el territorio y por la gran cantidad de dirigentes en la conducción de la CTA. Responsabilidad que conlleva una enorme tarea y un inmenso esfuerzo que no podemos esquivar, porque una ATE sólida y una CTA fortalecida por el debate interno, son herramientas políticas poderosas para la construcción de poder popular.

     

    Alentar un sueño

    La política es un instrumento de transformación y la participación electoral es importante, no tenemos dudas. ATE aportó grandes hombres y mujeres al Congreso Nacional y a las legislaturas provinciales y, entre otras leyes, la de Germán Abdala sobre Convenios Colectivos para trabajadores nacionales.

    Hoy también hay compañeros y compañeras participando en distintas experiencias electorales a lo largo y a lo ancho del país. Pero ATE no es de los partidos políticos ni de los gobiernos que ellos integran, sino de sus afiliados. Porque la autonomía de nuestro sindicato y de todas las organizaciones libres del pueblo tiene un valor estratégico para la construcción de una democracia más participativa.

    A los trabajadores nos costó sangre recuperar la democracia y, a pesar de ello, hoy tenemos un gobierno elegido democráticamente que gobierna para los ricos. Fuimos derrotados; y la única posibilidad que tenemos de salir de este fracaso es forjando una democracia que gobierne para las mayorías.

    A nuestro pueblo no le falta capacidad de resistencia ni espíritu de lucha; lo vemos todos los días en las calles. Lo que nos falta es un proyecto propio que le dé sentido a nuestras vidas, una alternativa verdadera, la esperanza de un futuro mejor.

    Ese sueño de tener un país donde los trabajadores estatales no tengamos sueldos miserables, precariedad laboral o inestabilidad es posible; y desde ATE tenemos la posibilidad y la responsabilidad de alentarlo. 


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