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    9 de marzo de 2020

    Opinión

    Por Alejandro Garzón

    ATE y nuestras mujeres

    ATE y nuestras mujeres

    Porque tenemos memoria, tenemos presente y nos proyectamos al futuro


    por Alejandro Garzón

    Secretario gremial del CDN

    Cómo no recordar en un día como hoy, en el marco del día Internacional de la Mujer Trabajadora, que el  7 de junio de 1973, nuestra Asociación Trabajadores del Estado se convertiría en uno de los primeros sindicatos que en Argentina conformaron un Departamento de la Mujer dentro de su estructura orgánica.

    Desde la seccional de la ATE porteña asomaba una joven trabajadora del Departamento de Capacitación del INDEC y afiliada a ATE, profesora de Ciencias de la Educación, atenta y preocupada por falencias que atravesaban las mujeres en su sector al momento de convertirse en madres, y durante los meses inmediatos de tener que hacerse cargo de sus bebés.

    La seccional Buenos Aires por aquellos tiempos atravesaba por una situación interna, por lo que la preocupación social de aquella afiliada militante fue atendida desde el Consejo Nacional, por el Compañero Luís Daldini, surgido una década atrás también del ámbito porteño, responsable del área interior, solidario y de mirada estratégica, quien además venía siendo un dinámico dirigente de la Central Latinoamericana de Trabajadores del Estado.

    La falta de una ley por maternidad, la necesidad de guarderías, los derechos de la mujer trabajadora en general, eran cuestiones que para Maria Eva tenían que ser debatidas en el seno de la organización, ámbito del cual debían surgir propuestas reivindicaciones superadoras.

    Para aquella docente, de origen inmigrante esloveno, llegada a la Argentina de pequeña, abrazada por sus padres y el peronismo, su propuesta era la creación del Departamento de la Mujer de ATE.

    La creación de jardines maternales en la dependencia donde Zarka prestaba servicios, venía siendo uno de sus reclamos desde comienzos de los años 70’. Ganada la democracia, con la vuelta del peronismo al gobierno, luego de la puerta forzadamente abierta para superar el retroceso impuesto, producto de los alzamientos populares protagonizados por las provincias rebeladas como el Cordobazo, Rosariazo, Tucumanazo, y en los que la dirigencia de ATE tuvieran un activo protagonismo para la dirigente había llegado la hora para que las mujeres estatales tuvieran un lugar institucional y exponencial de sus reivindicaciones pendientes en el interior del sindicato y también hacia dentro de la central obrera nacional.

    Las madres del trabajo en dependencias públicas debían contar con un lugar donde poder dejar sus hijos en tiempos laborales, sin  desentenderse de los mismos y sin perder su trabajo. Debían crearse jardines maternales, y ello debía ser un reclamo institucional colectivo de mujeres y hombres  con conciencia social, y que debía ser contenido desde la planificación del propio Estado.

    Maria Eva Zarka se había erigido en la vanguardia femenina desde nuestra organización, y el secretariado nacional se pondrá a la altura de las circunstancias dando vida al Departamento Nacional de la Mujer aquel 7 de junio, convirtiéndose en su directora. 

    ATE y aquellas compañeras que acompañaron a María Eva en aquella acción que encontrará eco positivo y ejecutivo en el seno del gobierno nacional y popular, será un mojón anticipatorio al resonante discurso del Presidente Juan Domingo Perón, ante las Delegadas del Movimiento Nacional Justicialista, en el teatro General San Martín, convocando a la Mujer a una mayor participación.

    Para ése momento, muchas de aquellas delegadas, ya habían participado de encuentros con María Eva, en los que la docente del INDEC les comunicara de los avances al respecto en ATE. En pocas organizaciones sindicales hasta aquél momento, las mujeres contaban con espacios concretos de la participación, más allá de existir desde hacía décadas la Rama Femenina del Movimiento Nacional Justicialista, y de la participación puntual de mujeres en el seno del Consejo Superior, como el caso de la compañera Marta Curone, delegada capitalina de ATE en el Congreso de la Nación, pero se trataba de un ámbito estrictamente partidario.

    Ya conformada la Comisión Directiva, estando al frente. María Eva potenció su desafío por lograr que la mujer estatal pueda ejercer  la expresión de sus necesidades concretas en cada una de las diferentes rama, con el debido respaldo sindical, además promover cursos de capacitación de carácter permanente.

    Aquel esfuerzo de nuestra compañera del INDEC  en su interrelación con compañeras de otros gremios, logró conformar el Departamento de la Mujer en el seno de la central obrera, de corta vigencia, debido a la burocratización machista de la conducción que optara por designar “a dedo” de los respectivos secretarios generales del secretariado nacional a sus delegadas, actitud que no contara con el beneplácito de las pioneras  portadoras de un espíritu participativo y democrático.

    Tuvieron que pasar muchos años para que, con la recuperación de ATE tras las elecciones de noviembre de 1984, la idea del Departamento de la Mujer, hoy de Género igualdad y oportundades, volviera a resurgir con la figura de Genoveva “Beba” Gil, destacada militante de ATE, ANUSATE y también del INDEC.

    Pero eso será motivo de otra historia de estatales. Cabe destacar, que el accionar de María Eva, como el de Marta Curone, y en el desarrollo de los cursos de capacitación que motorizara la compañera Betty Montes de Oca, fueron rescatados por la labor investigativa que el CDN,  desde hace décadas viene confiando en nuestro historiador Daniel Parcero, quien pudo entrevistar a las mencionadas ex dirigentes, y de cuyos encuentros surgiera la iniciativa del mencionado compañero por dar comienzo al libro “La ATE y sus mujeres”, de inminente aparición, y que refuerza nuestra convicción de que rescatar nuestra memoria, es reforzar la lucha de nuestro presente y proyectar coherentemente nuestro futuro.

    Hoy, a manera de anticipo de la mencionada publicación, elegimos recordar a María Eva Zarka y a todas aquellas compañeras que fueron pioneras de la lucha de género.



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